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LIBRO DE BUEN AMOR

La obra más representativa del siglo XIV será el Libro de buen amor, de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita.
El Libro recibe este título de Ramón Menéndez Pidal, por la frecuencia y manera con que se repetía este sintagma en el, hasta entonces, llamado Libro del Arcipreste de Hita.
Su autor sigue siéndonos desconocido, aunque se han documentado varios Juan Ruiz -uno morisco y otro Arcipreste de Hita- en tiempos del Cardenal Gil de Albornoz. Se pensó que sería un pseudónimo irrelevante. De hecho, se han identificado nombres de personajes secundarios, como el de Ferrán García. Debió ser escolar y conocer la zona de Burgos, Toledo, Alcalá y Segovia. Participaría de la condición de los clérigos goliardos y -¿por qué no?- sería Arcipreste de Hita.

La obra se conserva en tres códices muy distintos: el manuscrito G [ayoso], conservado en la R.A.E., copiado hacia 1389 y sin fecha de composición; el manuscrito T [oledo], copiado de la misma rama que G, a principios del siglo XV, y conservado en la BNM, con fecha de composición de 1330. Finalmente, el más extenso, de S[alamanca], copiado por Alfonso de Paradinas, salmantino, hacia 1415, con fecha de 1344.

Las ediciones actuales presentan un texto de 1.728 estrofas. De la fecha de los manuscritos -1330 y 1344- se dedujo la dudosa hipótesis de una doble redacción para esta colección heterogénea de poemas, próxima a lo que hoy llamamos un cancionero.
La presenta un extraño narrador, al que se llama mancebo, arcipreste o don Melón de la Huerta. Su figura queda poco definida: se trata de una caricatura ficticia, que a veces comparte un tiempo real con personajes como el Cardenal Gil de Albornoz.

La intencionalidad de la obra es también confusa: tras un prólogo en que se encarece el amor a Dios, se nos recuerda que "es umanal cosa el pecar" y que seamos cautos al interpretar la obra. Nos avisan de que la burlas no son incompatibles con las veras y de que la obra es absolutamente abierta: su interpretación sólo depende de la actitud del lector.
Esta colección de poemas se abre con una oración, un prólogo en prosa, unas oraciones a la Virgen y una disputación entre griegos y romanos (coplas 44-70). Después de tres fracasos amorosos -el segundo con Cruz, seducida por Ferrán García- y de relatar la muerte del hijo del rey de Alcaraz, el arcipreste se queja de don Amor (cc. 181-422). Recibe respuesta de éste y de su esposa doña Venus, a quien confiesa su amor por doña Endrina (cc.423- 652). El amor de don Melón y doña Endrina (cc.653-891) es una adaptación del Pamphilus, de tradición ovidiana: la seducción, dirigida por Urraca, Trotaconventos, culmina en matrimonio.
Cuatro aventuras con cuatro serranas (cc.950-1042) alternan la cuadernavía con otras estrofas. Desembocan en unos poemas marianos (1043-1066) que preceden al combate de don Carnal y doña Cuaresma (cc.1067-1209), en que ésta, primero vencedora y después vencida de don Carnal, huye como peregrina a Jerusalén, mientras él, desfila triunfante con don Amor (cc.1210-1314). Trotaconventos consigue para el arcipreste el amor de una monja (cc.1332-1507) que morirá prematuramente. Incluye un retrato del arcipreste. Los amores de una mora fracasan; muere Trotaconventos (cc.1520-1578). El Libro de Buen Amor se disuelve entre consideraciones morales, eróticas, religiosas, hermenéuticas.... Una Cantica de los clérigos de Talavera (cc.1690-1709) romancea la Consultatio Sacerdotum de Walter Mapp y confirma la tradición goliardesca del Libro: los sacerdotes se resisten a abandonar a sus queridas. Dos cantares de ciego cierran la obra.
El conocimiento de la España semita es patente en el libro. Se discute la proporción de fuentes árabes -básicamente la maqamat- frente a las latinas, derivadas de la materia ovidiana -como el Pamphilus, comedia elegíaca-, cuentecillos -exempla-, de la tradición animalística de los Ysopetes, y otras fábulas románicas, como la batalla de don Carnal y doña Cuaresma. Aunque predominen las segundas sobre las primeras, ambas se reflejan en la obra.
La difusión de este libro se comprueba por la existencia de unos fragmentos portugueses, probablemente parte del repertorio de unos juglares; por la cita del Libro en el Arcipreste de Talavera (1, IV) y por la mención que hace de él en su Proemio Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana.
El Libro de Buen Amor sigue siendo hoy, pese a los hallazgos más recientes, una obra desconcertante por su carácter ambiguo y distante de la mentalidad actual.

D.Miguel Pérez Rosado.
Doctor en Filología

Source :
http://www.spanisharts.com/books/literature/clerxiv.htm
voir aussi :
http://www3.usal.es/~semyr/reuniones-actas-98-99-7.htm
http://www.arrakis.es/~trazeg/bioarcip.html
http://faculty.washington.edu/petersen/lba/gastan.htm
http://www.jaserrano.com/LBA/
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/06814978788645997495635/p0000001.htm

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